“Feas pero buenas”_ Pastas de avellana, almendra o limón

Dicen por aquí que San Quirico hace milagros, igual ha sido por eso que hemos abierto el local. ¿Podría ser?”, se pregunta Rodrigo Barricart Luquin, 46 años. Vive en Bigüezal, en el Romanzado, a 840 metros de altitud. No llegan a 40 vecinos, solo tres niños. Hace año y medio él y su pareja, la italiana Raffaella Pezzoli, inauguraron una pizzería en el pueblo. ¿Una locura?, ¿Un milagro? ¿Un sueño? “Queríamos vivir en el monte, en un entorno rural, estamos contentos”, descubre Barricart la belleza de uno de un entorno donde la cicatriz de la despoblación no acaba de cerrar. Pero el mirador natural de su casa es ya un regalo, con el monte Idokorri (1.073 m.), la sierra de Illón y Arangoiti (1.365 m.) casi en el alféizar y las cimas del Pirineo, las de la Comarca de Pamplona, o las de Aralar y el cordal de Malloak a vista de pájaro.

¿Una pizzería en Bigüezal? El asombro es la primera respuesta. Pero el Dolmen de Faulo, así se llama, es ya es bien conocido en la comarca. El Romanzado tiene siete núcleos habitados. Entre todos justo llegan a los 200 vecinos. “Vienen de Aoiz, Navascués, del mismo pueblo, de muchos sitios”, cuenta Rodrigo. Y hasta de Italia. “Uf, sí, la primera vez no les quería servir porque son muy exigentes y más con su propia comida. Pero les convenció y han vuelto. Varios son italianos que viven en Pamplona”. De Pavía, del norte del país, es Raffaella, que siempre había hecho la pizza en casa. Rodrigo nació en Lizarraga de Izagaondoa, el cuarto de seis hermanos, de bien niño fue a Pamplona, luego a un internado en Elizondo, más tarde abrió una casa rural en Meoz; tras aquella etapa pasó cuatro años en Italia, y en 2005 se asentó en Bigüezal, convencido de vivir arrimado a la naturaleza. Basta escudriñar un poco más en su trayectoria para comprobarlo. “Conocí el pueblo en 1994, pasé un año aquí por trabajo y aquí nació uno de mis dos hijos. Me gustó la fuente, la sierra, la foz, no sé… Volví”. “Utilizábamos la bajera como zurrakapote, pero pensamos en dar un paso más. Nos ayudó mucho Carlos García, de Cederna Garalur, a la hora de definir el proyecto. Teníamos claro que queríamos montar un horno de leña para casa y nos plantearon convertirlo en obrador, probamos a elaborar pizzas y salieron ricas”, resume la iniciativa y reconoce que llevan año y medio aprendiendo “todos los jodidos días”. “Sí, tienes claro el concepto, qué quieres ofrecer, pero cuesta. En un proceso industrial es más fácil, pero en uno artesano no tanto”, describe el tiempo que lleva dar con ese punto justo de la masa, de la cocción, o lo enrevesado de encontrar un tipo de queso o unos embutidos italianos de los que aquí no hay que van a incluir en su carta.

La pizzería es la única actividad en Bigüezal. “Creo que en más de 40 años, supongo que tomamos el relevo a los últimos artesanos. Los vecinos salen a trabajar a Pamplona o a otros sitios, y lo que sí les une es la caza, está muy arraigada en toda la zona”, cuenta al poco de que dos corzos crucen entre el matorral junto a su casa.

El Dolmen de Faulo, el restaurante, está en la calle Paco, la que da al norte. Pero el monumento megalítico que le da nombre, uno de tantos catalogados en el pueblo, se sitúa camino de la ermita de San Quirico, esa de los milagros. Le gusta especialmente este paseo a Rodrigo. “Está en la misma sierra de Illón, a un paso tienes Arangoiti y detrás la sierra de Leyre. Aquí mismo al otro lado del monte está Navascués, cerca Burgui, el río Salazar…”, no se cansa de enumerar los hitos del entorno en el que ha encontrado calma.

COMPAGINAR

De momento, abren los fines de semana, y los de labor si hay reservas previas. Y compaginan la restauración con otros trabajos. Raffaella es esteticista en Pamplona, y Rodrigo hace reformas y tareas forestales con otro socio, “lo que salga”.

Rodrigo aprende cada día. Y pide consejo, a los clientes y a los que más saben, como Vicente Zabalza, un vecino de Bigüezal que falleció hace unos meses y le dejó un buen legado: su receta de las tortas de aceite. “Él tuvo panadería en Aspurz y tomaron su modo de hacer muchos en la zona”, explica. También recrean postres italianos, estos de la mano de Raffaella. Y la carta de vinos es un maridaje entre Navarra e Italia.

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Descripción

Repostería italiana de calidad, hechas al horno de leña en el Romanzado navarro, a 840 metros de altitud.

Una combinación tan exquisita como los sabores de sus pastas.

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